jueves, 13 de octubre de 2016
Alguienquenosabenada
Las horas con ausencias se hacen demasiado largas.
Pero el rastro con el tiempo cesa.
Se vuelven canciones interminables.
Riffs que se repiten una y otra vez en medio del tráfico,
en medio de la gente que llega tarde,
en cada luz roja del semáforo.
-tu pasividad me da náuseas-
Y yo siempre vuelvo a correr,
a dejar desordenado todo.
No corro por la hora azul...
Corro porque la voz traslúcida no deja de gritar.
Se queda helada si siente que no la escucho.
Yo corro porque he nacido para irme
siempre de aquí o de allá.
Con el grito desesperado de alguien que pide
vida
y no sabe
no sabe, no sabe el nombre ni la calle ni la dirección.
---
Su mirada vuelve, sus palabras
se quedan heladas si creen que no las oigo.
Unos riffs de guitarra
me llueven
en medio de Cortázar, de Kafka.
Yo también me creo inocente del proceso.
Yo también me siento lejana.
Me mato. Me gusta matarme.
Y luego volver a respirar...
Pero el rastro con el tiempo cesa.
Se vuelven canciones interminables.
Riffs que se repiten una y otra vez en medio del tráfico,
en medio de la gente que llega tarde,
en cada luz roja del semáforo.
-tu pasividad me da náuseas-
Y yo siempre vuelvo a correr,
a dejar desordenado todo.
No corro por la hora azul...
Corro porque la voz traslúcida no deja de gritar.
Se queda helada si siente que no la escucho.
Yo corro porque he nacido para irme
siempre de aquí o de allá.
Con el grito desesperado de alguien que pide
vida
y no sabe
no sabe, no sabe el nombre ni la calle ni la dirección.
---
Su mirada vuelve, sus palabras
se quedan heladas si creen que no las oigo.
Unos riffs de guitarra
me llueven
en medio de Cortázar, de Kafka.
Yo también me creo inocente del proceso.
Yo también me siento lejana.
Me mato. Me gusta matarme.
Y luego volver a respirar...
Estoy enamorado
Mi hermano mayor nació en 1991. Fue al jardín, a la escuela y al colegio cinco años antes que yo. Esta ventaja temporal fue algo que yo no quería comprender. Y la verdad es que durante mucho tiempo este fue un obstáculo que no supimos resolver como hermanos.
Mirko David era una impresión total. Era un genio en matemáticas y se sabía un montón de computación. Todo el mundo lo conocía en el colegio. No era una estrella de rock, pero no era nada invisible. A menudo esto sucedía también porque mi hermano tenía un carácter especial. Engañar a este muchacho de 15 años era extremadamente imposible. En el colegio nunca se quedaba callado. Si algo no le parecía, tenía que decirlo. Y así como muchos profesores lo admiraban y respetaban, otros muchos solo buscaron excusas para “ponerlo en su sitio”.
- Es que uno no se puede quedar callado-decía con frecuencia-. Nunca tienes por qué aceptar lo que los demás te dicen. Somos seres humanos que piensan, ¿no?
La casa se llenaba de libros. Mi hermano era cada vez más grande. Mientras él cantaba Al colegio no voy más y escuchaba Inyectores, Tragokorto y Leuzemia, yo seguía escuchando Ritmo Romántica con mi mamá todas las tardes. Fueron años difíciles para mis papás. Mirko tenía un hambre de libertad que a veces se convertía en gritos. Papá hablaba fuerte y ponía más gruesa la voz. Los almuerzos se hacían largos y silenciosos.
Luego de algunos años las cosas cambiaron mucho. Mi hermano tenía la voz gruesa. Ya no usaba Converse. Tenía el cabello más corto. Habían pasado cerca de cinco años desde que mi hermano se había ido a vivir a Lima. Cinco años de vivir sola con mis padres en Pasco.
Diciembre era el mes en que no podíamos estar alejados. Mi hermano había subido de peso y tenía otra mirada. Sus temblores interiores se habían difuminado. Las olas se habían calmado.
- Hermanita, quiero contarte algo-me dijo una tarde.
A veces cuando las cosas se calman demasiado, una se asusta. Se siente un poco extraña. Jamás imaginé que mi hermano pudiera confiar en mí. Nosotros casi no hablábamos. Yo lo admiraba en secreto, como cuando tienes la foto del que gusta escondida en alguna parte, pero no se la muestras a nadie. Mi hermano y yo nos habíamos querido en silencios y pocas veces. Pero esa tarde algo muy especial sucedió. Nuestras barreras temporales se cayeron. Mi hermano las tumbó y yo estaba perpleja, pero feliz.
- Hermanita, estoy enamorado. Quiero que conozcas a Keytha. No sé cómo decirle que sea mi enamorada.
Creo que mi hermano jamás se lo había imaginado. Pero me había regalado algo que nunca olvidaré. Era su sonrisa, su nerviosismo. Mirko se había mostrado como mi hermano. Y dijo te quiero con su mirada.
- Ella es mi hermana-le dijo Mirko a Keytha sonriente. Y luego bromeó.
Cuando las cosas cambian demasiado, una no termina de entender porque no está acostumbrada a ese nuevo ambiente. Caminamos por horas. Era una tarde templada, sin mucho frío. Reíamos como nunca. Mi hermano me regaló esa tarde algo que quizá jamás imaginó: la fortuna de ser hermanos.
*Queda pendiente volver a escribirlo. Disfruten el 'borrador'.
| Mirko, Key y Jeca. Familia. |
martes, 27 de septiembre de 2016
El camino de al lado
Tenía cinco años cuando iba al jardín de niños. Este quedaba a casi cinco cuadras de mi casa. Mi papá era el encargado de llevarme muy temprano. Incluso recuerdo que muchos días caminábamos entre la neblina. Para mí era toda una aventura.
A esa edad me daban mucho miedo los perros porque en el verano de ese año uno me mordió mientras manejaba mi bicicleta con dos rueditas. Y, trágicamente, en la primera cuadra por donde teníamos que pasar, había un perro blanco grande que explotaba sus pulmones cada vez que pasábamos. Mi papá era como un compañero de batalla. Me cogía fuerte de la mano y gritaba para que el perro se callara. Me di cuenta de que mi papá era como mi escudo, pero sobre todo que era mi amigo. Así aprendí que podía confiar en él.
El camino era largo, así que yo tenía que ser valiente y no amilanarme. Papá siempre me decía cosas que me daban valor y me hacían sentir segura. Luego de pasar por la cuadra del perro, teníamos que pasar por un campamento minero. Este era como una residencial. Pero las casas casi no tenían color. Eran todas plomas y tétricas. Así que para mí era como atravesar el puente de un castillo con el temor de que hubiera algún dragón (o sea un perro) o algún otro “monstruo” por ahí. Caminábamos apresurados (ahora entiendo que era porque si no llegábamos tarde). Nada nos podía vencer.
Luego, llegaba mi parte más bonita del camino. Desde ahí, solo nos quedaban dos cuadras para llegar a mi jardín. En medio de las casas, había una vereda de cemento que luego se convertía en unas gradas. Paralela a esa vereda, había un caminito de tierra. Mi papá caminaba por la vereda y yo tomada de su mano iba por la tierra dando pequeños brincos.
A veces íbamos cantando canciones que él me enseñaba. Era el momento más relajante del camino. Quizá yo solo haya disfrutado ir al jardín por toda esa experiencia. Fue en esos tiempos en que sentí mucho la conexión con mi papá. Yo no sentía para nada que llevarme fuera una carga para él. Solo sentía su mano en la mía y me transmitía paz, goce, felicidad. Sí, felicidad. Puedo decir ahora que en esos años fui muy feliz.
Han pasado quince años desde que mi papá me llevaba todas las mañanas al jardín en Cerro de Pasco. Y han transcurrido dos años desde que decidí mudarme a Lima para seguir mi carrera universitaria. Al principio sentía la necesidad de viajar y volver a mi casa cada dos semanas. Me sentía constantemente como una extraña, como una pieza de rompecabezas que no encajaba. Con el tiempo, esa especie de cuerda que me ataba a mi ciudad se fue soltando. Pero ha sido un proceso muy largo.
Hace unos meses volví al camino de tierra por donde iba con mi papá al jardín. Me senté cerca de ahí casi al atardecer. Contemplé las casas. Me quedé pensando un buen rato en todo el tiempo que había pasado. Y me di cuenta de que en todos estos quince años mi papá no ha dejado de estar ahí en la vereda de al lado.
Con los años, a veces uno anhela ser independiente, irse, ser libre. O por lo menos esas han sido las ideas que me rodean desde los quince años. Y no me había dado cuenta hasta ahora -que vivo casi sola, en una ciudad diferente, sin mis padres- que no está mal que ellos estén ahí con nosotros. Porque a veces no hace daño que estén ahí para cantarnos, para mostrarnos en qué nos hemos equivocado, para acompañarnos hasta el final de la vereda donde nos espera una escalera.
De vez en cuando, me choco con un perro blanco que me espanta o me encuentro en medio de un castillo tétrico con temor de que aparezca un dragón, pero siempre tengo presente la mano de mi padre. Gracias a todo ese amor y a todos esos años de felicidad, hoy tengo la confianza necesaria para seguir construyéndola.
Seguir
Podría escribirte por horas. Sentarme toda la noche a pensar en el tiempo, tu nombre. Podría llenar mi block de versos laaargos (esos que no son comunes en mí, pero podría intentar). Y es asfixiante, porque no puedo volver las horas, los días. Solo puedo escribir y dibujar-te por las mañanas con recuerdos.
Y... Sobran imágenes para intentarlo.
Recuerdo, por ejemplo, que era imposible no conocer a tus padres. Porque tu cueva era tu hogar (aunque luego la cambiamos de lugar, donde solo importaban nuestras mentes, nuestros cuerpos).
Tus papás. Buenas noches. Buenos días. Hablaban de mí y yo de ellos. Y yo era importante. Importante porque ambos entendimos que lo éramos en la conjunción de nuestras vidas.
Tu hermano. Hola. Y casi no nos mirábamos (pero luego, luego fue su mirada la más fulminante). Tu hermano y gracias. Porque era también tu hijo y tu amigo. Porque a la distancia, también fue mi hermano y mi amigo.
Tu hermana. ¡Vaya! Podría empezar por decir que la extraño (y es inconsistente). Porque solo la vi una vez. Y fue suficiente.
A veces me detengo en medio de mi cuarto y te veo parado. Intento mirarte. Pero tus ojos ya no están. Tus fotos no existen. Todo lo he borrado. Te he borrado.. Es raro. A veces pienso que no he sido yo, sino el miedo. El miedo que se generó con las preguntas de ellos (y quizás las mías también, no lo sé).
A veces puedo detenerme a escribirte por horas... Pero hoy tengo que seguir.
Gris
Y su mirada se volvió gris.
Tuve miedo.
Pude sentir que el negro
se volvía carne, alma, hueso.
Púdrete-me decía.
Y yo le hacía caso. No tenía fuerzas.
Ni para pensar.
Pero un alado me cogió de la mano.
Me miró como se mira el horizonte
al tardecer, como cuando se intenta
atrapar el día.
Las cuatro paredes
gritaron de nuevo.
Y ahora no tenían nombre.
Solo no tenían fecha de salida.
Cuando tienes claustrofobia,
el tiempo aplasta
y te duele la cabeza.
Cuando tienes claustrofobia,
te quedas pensando en el parque
de tu casa y en la gente que corre por las mañanas,
en los niños, los perros, las aves.
...
Ahora puede ser que sea distinto
salir y mirar las calles.
Porque aunque estén sucias
y a veces tenga miedo de que me roben
-como muchas otras cosas-
la vida no sabe a papilla y sopa de dieta ahí,
y eso sí que alivia.
al tardecer, como cuando se intenta
atrapar el día.
Las cuatro paredes
gritaron de nuevo.
Y ahora no tenían nombre.
Solo no tenían fecha de salida.
Cuando tienes claustrofobia,
el tiempo aplasta
y te duele la cabeza.
Cuando tienes claustrofobia,
te quedas pensando en el parque
de tu casa y en la gente que corre por las mañanas,
en los niños, los perros, las aves.
...
Ahora puede ser que sea distinto
salir y mirar las calles.
Porque aunque estén sucias
y a veces tenga miedo de que me roben
-como muchas otras cosas-
la vida no sabe a papilla y sopa de dieta ahí,
y eso sí que alivia.
![]() |
| Enfrentándo-me |
¿Y si me invita a salir?
Y si te invita a salir
le dices claro que desde luego
que vamos
que es ahora
Porque los caminos cruzados
se quedan
impregnados
en el tiempo
Y me desnudo
Y pienso en ti
El lunar con el que
de casualidad
me atasco
¿Era esa una camisa de fuerza?
El viento
furioso empuja
Y tú solo vuelas
Porque nada te detiene
No hay hombres
que por quedarse en casa
han sentido
lo eterno
lo incognoscible
le dices claro que desde luego
que vamos
que es ahora
Porque los caminos cruzados
se quedan
impregnados
en el tiempo
Y me desnudo
Y pienso en ti
El lunar con el que
de casualidad
me atasco
¿Era esa una camisa de fuerza?
El viento
furioso empuja
Y tú solo vuelas
Porque nada te detiene
No hay hombres
que por quedarse en casa
han sentido
lo eterno
lo incognoscible
matar.matar.matar
matar.matar.matar.
quitar carne-herida-hueso
disecar el tiempo
matar la ansiedad
carcomer-me
empezar por las uñas
¡hay tanta sangre de mentira!
---
diez pasos en la arena
mientras se oscurece
y no veo nada
---
mi mente, mi lenguaje
dos palabras que no dicen nada
que se crean
al instante
para soñar
---
nadie quiere ser
un pez
en el océano
--
yo quiero ser
tu punto ciego
o tu punto débil
---
pero un punto
al menos
quitar carne-herida-hueso
disecar el tiempo
matar la ansiedad
carcomer-me
empezar por las uñas
¡hay tanta sangre de mentira!
---
diez pasos en la arena
mientras se oscurece
y no veo nada
---
mi mente, mi lenguaje
dos palabras que no dicen nada
que se crean
al instante
para soñar
---
nadie quiere ser
un pez
en el océano
--
yo quiero ser
tu punto ciego
o tu punto débil
---
pero un punto
al menos
jueves, 1 de septiembre de 2016
Sonámbulo
¿Cómo ocultar todo el dolor
que marcó tu pecho?
¿Cómo esconder el puño
que preso del rencor se levanta?
Si te pido que te calles,
es que necesito que hables
de otro modo.
Y continúes despierta...
No niego que la parte
más honda sea
seguir caminando
encima de tus hombros.
Porque nadie ha venido
a cargar a nadie.
Y poco lo entiendo.
A veces ni aire
tengo para respirar
y por eso lloro,
como lloran los bebés
intentando atrapar la vida.
Y poco lo entiendo.
Porque mis sábanas
siguen destendidas
mientras yo me quedo
oliendo tu perfume
incierto, lejano...
Somos solo un espejismo
que de noche
camina sonámbulo.
que marcó tu pecho?
¿Cómo esconder el puño
que preso del rencor se levanta?
Si te pido que te calles,
es que necesito que hables
de otro modo.
Y continúes despierta...
No niego que la parte
más honda sea
seguir caminando
encima de tus hombros.
Porque nadie ha venido
a cargar a nadie.
Y poco lo entiendo.
A veces ni aire
tengo para respirar
y por eso lloro,
como lloran los bebés
intentando atrapar la vida.
Y poco lo entiendo.
Porque mis sábanas
siguen destendidas
mientras yo me quedo
oliendo tu perfume
incierto, lejano...
Somos solo un espejismo
que de noche
camina sonámbulo.
domingo, 28 de agosto de 2016
Cargándo-me
Mi chica es tierna.
Mi chica tiene nombre.
Mi chica opaca la noche.
Su sonrisa me enseña a volar.
Su cabello me embriaga.
Su mente explota la mía.
Amo estar despierta
para verla y hablar con ella.
Amo sus palabras raras
impregnadas en mis conversaciones.
Amo sus ideas.
Camino como una hormiga
cargándo-me
hasta tomarla de la mano
y mirarla de frente.
Ella y yo hemos dejado de ser dos cuerpos.
Ella es todo.
La existencia más cercana
no importa.
¿Qué he sido hasta ahora
si no solo pasos pesados
en un montón de arena húmeda?
Mi chica tiene nombre.
Mi chica opaca la noche.
Su sonrisa me enseña a volar.
Su cabello me embriaga.
Su mente explota la mía.
Amo estar despierta
para verla y hablar con ella.
Amo sus palabras raras
impregnadas en mis conversaciones.
Amo sus ideas.
Camino como una hormiga
cargándo-me
hasta tomarla de la mano
y mirarla de frente.
Ella y yo hemos dejado de ser dos cuerpos.
Ella es todo.
La existencia más cercana
no importa.
¿Qué he sido hasta ahora
si no solo pasos pesados
en un montón de arena húmeda?
Otro rostro
Cuarto vacío. Cama destendida. Voz despintada.
Cogió mi mano y le seguí.
Botones desabotonados.
El grito no se germinó,
el llanto jamás avanzó decidido.
-Nada pasa. No pasa nada. ¿Ves?-
Todo comenzó cuando.. ¿cuándo? ¿por qué?
Mi niña tenía cinco años y una mirada distinta.
-Es solo un juego-
Manos frías. Mi cuerpo. Mi asco. Mi miedo.
Y pasan estas cosas como cuando solo tienes cinco años.
-Nada pasa. No pasa nada-
El grito germinó después de diez años.
El llanto avanzó en sueños
Todo comenzó cuando el recuerdo se hizo piel,
sueño, piel, otro rostro.
Cogió mi mano y le seguí.
Botones desabotonados.
El grito no se germinó,
el llanto jamás avanzó decidido.
-Nada pasa. No pasa nada. ¿Ves?-
Todo comenzó cuando.. ¿cuándo? ¿por qué?
Mi niña tenía cinco años y una mirada distinta.
-Es solo un juego-
Manos frías. Mi cuerpo. Mi asco. Mi miedo.
Y pasan estas cosas como cuando solo tienes cinco años.
-Nada pasa. No pasa nada-
El grito germinó después de diez años.
El llanto avanzó en sueños
Todo comenzó cuando el recuerdo se hizo piel,
sueño, piel, otro rostro.
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