miércoles, 25 de enero de 2017

Por siempre

Diez pasos de ida,
diez de vuelta.
Más lento, 
más más más 
l e n t o
La calma se quiebra
ante una incertidumbre
y se destroza completamente
ante una confirmación.

No estás más.

Y el velo de mis ojos 
cae una vez más.

La vida es una oración
con punto final
irremediable y sin fecha.

El contrato se vence.
El cuerpo no responde.

¿El alma?
No sé. No sé. No sé.

Los recuerdos 
se quedan impregnados
en nuestras conversaciones,
en nuestras tardes,
entre nosotros.

Y entiendes más
la palabra 
familia.
El cariño de casa.
Tu lugar en el mundo.

La vida es un camino que no tiene retorno...

Un nombre ausente.
Pero tío Willy por siempre.


Tío, tío, tío, qué triste no haber podido escribir antes; no haber dicho más; haber vivido más. Tu ausencia me sigue dando vueltas. Quizá porque hay muchas cosas que todavía no entiendo. 

Tío Willy, Tía Mary, mamá, papá y yo

sábado, 14 de enero de 2017

siulsiulsiul

Me gusta imaginarte
de mi mano


Qué felicidad
cuando tu aroma
endulza mi camino,
cuando distraída
me encuentro de nuevo
en tus ojos

Eres un cielo
hermoso que explota
mis sentidos
y me devuelve
a la tierra firme

Cariño, me gusta
imaginarte aquí,
conmigo
Me gustan tus besos
de caramelo
Y tus abrazos
inmensos
que me detienen
en el tiempo


Extrañarte parece una costumbre,
pero la verdad
es que es un dulce camino
Dulce porque sé que llega a ti



ELI

"El lazo invisible" fue mi primer proyecto fotográfico.

La idea del proyecto fue reflexionar sobre la naturaleza de la música electrónica, explorar sus conceptos y propuestas. Tomé como ejemplo el proyecto personal del profesor Jose Ignacio Lopez llamado "El lazo invisible". Este trabajo buscó explorar la experiencia del músico electrónico (y quizá una de las curiosidades del mismo fue: ¿cómo fotografiar la música que ya no se define esencialmente como un arte escénico?).

Gracias a todos los que fueron parte. 
Espero les guste :)









noico.noico.noico

Una tarde cualquiera
Dejo de conocerme
Olvido cómo es que siento
Y tengo miedo
De no ser yo
De no poder amarte

Quiero pensar
Pero las palabras resbalan
Cruzan sin mirarme

Me atormenta su silencio
¿Qué más que escribir puedo hacer?
Me vuelvo nada

Este vacío
Es un desahogo
Del mundo que me reprime
Y de mi debilidad
De no hacer nada

Me declaro inconsistente,
Pero también invencible
Con el amor de ellos
Y a ellos esta fuerza
De seguir siendo yo


ranimac

Caminar
caminamos caminaremos
pegados a la tierra
y al tiempo

Corredores de tiempo presente
Trapecistas
del devenir
Circences de la vida
Payasos y locos
Firmes y deshechos
Contorsionistas y bailarines
Deformes y perfectos

Debería existir un adjetivo
para cada uno
Porque la combinación
de los que existen
Se queda corto

Él, por ejemplo, podría
llenar páginas
de adjetivos
que me enloquezcan
Pero siento que no terminaría.
Un neologismo para él
/////Tiermosolibreterno//////

Amor, me hace falta
caminar más a tu lado



.irme.


Cariño, espero no aburrirte. Yo.. Quiero irme. Porque... No tengo mucha idea la verdad. Siempre sueño que estoy corriendo (mientras mi cabeza explota de dolor). Estoy frente a un espejo que no refleja nada. Estoy mirando por la ventana sin ningún sentido. Este vacío me inquieta. Casi nunca tengo nada que decirte. Ya me he cansado de fingir que estoy de pie riendo contigo. Quiero viajar a mis sueños, a aquel lugar donde todo se combina. Tú eres algo que no existe y te fundes con todo lo que anhelo. Perdóname. Por fingir que todo ha estado bien. Es mi culpa. El silencio fue una decisión que tomé y junto a esta también la de hablar ahora e irme para siempre. Te voy a extrañar. Me va a hacer falta sentirte, conocerte. Pero prefiero encontrarme. Porque quien no se conoce, nunca ama. Ojalá te ame en aquella otra eternidad. Ojalá exista. Si alguna vez te sientes culpable, recuerda que yo soy quien abrió la puerta y la cerró. Un beso sincero (si aún puedo hacerlo).

Amelia


jueves, 1 de diciembre de 2016

Perfect day

Hace unos tres años, tenía 17. La decisión en casa era que estudiaría en Lima. Tendría que mudarme en el verano. Todavía recuerdo esos días. Estaba ansiosa por un lugar diferente, por ser independiente.

Era verano del 2014. Estudié mucho. Y me costó adaptarme. Lima tenía mucho ruido. La gente en el carro, en la universidad, en la calle era extraña. A veces me sorprendía con algunos gestos. Una vez una chica pagó mi pasaje, porque yo me había olvidado la cartera. Y otras veces me sentía muy frustrada, como cuando me robaron en un centro comercial.

Ahora, aquí sentada, sigo cuestionándome el tiempo. Sigo pensando en mi niñez y en cómo los años han pasado, quizá, demasiado rápido. No sé si sea propio de mí o es que esto nos pasa a todos. Cuando de la nada nos detenemos un momento porque escuchamos una canción que no escuchábamos hace mucho tiempo o cuando vemos algunas fotos de hace varios años.

Hace un año, cuando estaba en mi primer ciclo de la universidad, viajaba cada fin de semana que podía. Agarraba el celular un jueves o quizá el mismo viernes: “mamá, quiero viajar. Quiero verlos”. Creo que ellos también me extrañaban demasiado. A veces alistaba mi maleta casi automáticamente, sin saber en realidad por qué estaba volviendo, si yo había querido irme de allí. No entendía mi contradicción. Cuando tenía 15 años y estaba en Pasco, sentía que la ciudad me asfixiaba, que no me dejaba crecer. Y ahora que estaba un poco lejos, sentía la contradictoria necesidad de volver.

Cogía la maleta. Llenaba un poco de ropa para el frío. A veces, me deprimía no tener dinero suficiente como para llevarles algo a mis padres. Pero a ellos no les importaba. Cargaba la maleta desde el tercer piso, casi siempre apurada porque salía tarde. El taxi hasta el terminal se demoraba alrededor de cuarenta minutos. Mientras el carro zigzagueaba por las calles, yo recibía sus llamadas. “Hija, dónde estás… Cuídate mucho. Te esperamos”. Al llegar a mi asiento, me gustaba poner un poco de música en mi celular. Con los audífonos puestos miraba por la ventana. De tanto viajar, me había acostumbrado al olor nauseabundo que normalmente tienen los buses. El viaje ya no me chocaba. Viajaba de noche. Me gustaba la idea de cambiar de ciudad mientras dormía. Mis papás. Solo eso sentía en el corazón. Estar con ellos el siguiente día.

Hace unos meses, en uno de esos viajes, encontré un cuaderno lleno de fotos. Fotos que había sacado de los álbumes familiares y que las había guardado como mías. Recuerdo que guardé esas fotos porque me encantaban. Tenían la belleza de guardar momentos que habían sido especiales. Y ya que me iba a ir quería llevármelas. Pero no me las traje a Lima sino hasta hace poco.

Ahora las tengo frente a mí. Y no puedo dejar de mirarlas una y otra vez. Las miro casi hipnotizada. En una de ellas, mi mamá me tiene en sus brazos y junto a nosotras está mi hermano. Estamos en su trabajo. Un pueblo llamado Bellavista. Estamos rodeados de plantas. Al fondo hay una casa amarilla de un piso que parece ser el sitio donde vivíamos. No sé cuántos años tenía y es casi imposible que yo tenga ese recuerdo. Pero esa imagen me provoca un nudo en la garganta. Mientras más fotos veo, el nudo crece y se expande hacia mi pecho y me aplasta. Tengo una conexión profunda con ella, mi madre.

Nació en Huánuco, en 1967. Es la penúltima de 11 hermanos. Tiene una melliza que se llama Cristina. Mi mamá se llama Elena. Le gusta tener el cabello corto. Estudió Educación Primaria en un Instituto en Pasco. Conoció a mi papá cuando tenía 16 años y se casaron cuando ella tenía 24.

Mi mamá y yo hemos sido buenas amigas desde que yo era niña. Ritmo Romántica o Radio Panamericana. Pero una de las dos, o cualquier otra. Lo importante para ella es sentir que la música la acompaña. Escuchábamos música siempre que yo hacía mis tareas y ella hacía sus cosas. Yo la acompañaba a todos sitios. Estudié un tiempo en el colegio en el que ella enseñaba. Iba con ella al mercado, a las reuniones de su trabajo, a sus ensayos de danza. Ella también me acompañaba. Viajaba conmigo cuando yo tenía que presentarme en algún concurso de matemáticas o cuando tenía alguna presentación en mi colegio. Entre ambas siempre hay complicidad y compañerismo. Me llama regularmente y hablamos un buen rato. A veces me toca animarla cuando no se siente bien y otras ella me da ánimos a mí. Sé que ella lo hace mejor.

Las fotos me miran de nuevo. Ella me mira de nuevo sonriente mientras me tiene en sus brazos o de la mano. Y siento que la extraño tanto. Extraño que me pida que la acompañe a algún lugar o que me cuente un secreto. Pienso que a pesar de todo no es lo mismo escucharla todos los días en el teléfono.

Estos meses, en que me he sentido mejor y siento que me he adaptado a esta nueva vida, todavía tengo días en que quiero hacer mis maletas automáticamente. Llamar y decir que estoy viajando, que estoy yendo a verla.

Veo las fotos y agradezco ser su hija. Le agradezco a ella que me haya dado sus años. Es una felicidad inmensa saber que la tengo a ella y espero que ella sienta la misma felicidad de tenerme a mí.

Pongo una canción en mi reproductor. Estoy más tranquila. Es Lou Reed. Oh it's such a perfect day / I'm glad I spent it with you / Oh such a perfect day. Recuerdo que había días en que salíamos toda la tarde y llegábamos cansadas. Papá nos esperaba en la casa; mi abuelo y mi hermano también. Mamá y yo tuvimos días hermosos, eternos que se quedan en mi memoria. Mamá, días perfectos, me alegro de haberlos pasado contigo.

Las clases han terminado. Es diciembre. Me siento contenta por este ciclo, por este nuevo año. Sé que hay muchos chicos como yo, que no son de Lima. Sé que ellos extrañan a alguna Elena que los espera en su casa, con los brazos abiertos y una sonrisa sincera. Es hora de hacer las maletas con calma. Ya podemos ir a verlas.




*Siento que es el mismo sentimiento de hace varios meses. Lo siento. No puedo quitármelos. Espero les guste. ¡Prometo una mejor foto!

viernes, 25 de noviembre de 2016

TTTT

Hace unos cinco años.
Todas las mañanas
el desayuno
y la novela a las nueve.
A las doce
la comida, su comida
y al cole.
No salgas, no sal...
No me sigas.
Quédate, espérame.
A ti no te dejarán entrar.

Poca voluntad alcanza
(quizá a veces)
para dejarte quién sabe
si triste o molesto.

De todas formas,
siempre agradezco
que sigas atento
a mover la cola
si de casualidad aparezco.



Todos

No importa la hora.
Caminamos lentamente, rápidamente,
endemoniadamente
Y mi mente no se queda tranquila
si logras descubrir mi rostro
Porque luego
FUI YO,
fui yo a las tres de la tarde,
por la bajada cruzando el parque
FUI YO
quien preguntó nerviosa
Todo puede ser
en las bocas, en los corazones
(hasta en el mío)

FUISTE TÚ PUES
nadie te dijo
que podías hacerlo
sino que todo el tiempo
la advertencia
iluminaba tus zapatos

La conciencia
parece caerse a pedazos
cuando me doy cuenta que
FUIMOS TODOS




sábado, 12 de noviembre de 2016

La ventana

Un número difícil de olvidar
Sé que espero 
inútilmente que no lo hayas cambiado
Casi marco intuitivamente
"Lo sentimos. Este número no existe"
Mis esperanzas se dispersan
si te sumerges en el mundo real
Porque no es que haya olvidado
La calle, la casa, la ventana
Pero he perdido
El amor que me tenías al llegar...
"Lo sentimos. Este amor no existe"




-.-.-.-.-

"Mientras mantuviera aquellas fotografías ante mi vista, mientras las siguiera contemplando con absoluta atención, sería como si estuviera vivo, incluso en la muerte. Y si no vivo, al menos tampoco muerto; más bien en suspenso, encerrado en un universo que no tenía nada que ver con la muerte y en el cual la muerte nunca podía entrar."

La invención de la soledad (Paul Auster)